En una de las sesiones de hace varias semanas, una persona parecía muy enfadada. Ya sé que la cultura de lo «obvio» debe permanecer intacta. Debemos sacar fuera todos los prejuicios, todas las expectativas y desde luego, nunca dar nada por hecho; pero la percepción de la escena no me resultaba «agradable».

Al preguntarle qué tal habían ido las cosas desde nuestra última sesión, me hizo saber que estaba muy enfadada conmigo. «No me has dado ninguna solución. No me has facilitado ninguna respuesta», insistió dejando claro que si bien había estado muy ilusionada por venir, «no has hecho nada por mi», afirmó con énfasis. 

Debo reconocer mi sorpresa ante esa cierta actitud beligerante. No obstante, en un momento de lucidez personal, conseguí no dejarme arrastrar y conectar con mi yo interior. Como por arte de magia le pregunté: Y tú, ¿qué crees que debería haber hecho?. En ese momento se hizo el silencio.

Coaching vs Consejos: La labor del coach no es dar soluciones

Si analizamos la propia definición de coaching, queda claro que tiene más que ver con que el coachee halle su propio camino para crecer y perfeccionarse, que con dar soluciones. De hecho, la labor del coach no es dar soluciones. 

El coach no da consejos ni dice lo que se tiene o no se tiene que hacer. 

El crecimiento y el perfeccionamiento requiere que pensemos por nosotros mismos, que tomemos decisiones cada vez más complejas en unos entornos de cambio continuo.

A través del coaching, contribuimos a que nuestros colaboradores, colegas, socios, clientes, parejas, amigos y líderes resuelvan los problemas por sí mismos, con unos niveles más altos de sofisticación, precisión y productividad.

Coaching vs Consejos: Los consejos no son eficaces

¿Alguna vez has recibido un consejo que no hayas seguido?. Estoy seguro de que tu respuesta es que «sí». Ahondando en esto pregúntate: ¿seguí este o aquel consejo?. ¿Por qué no seguí ese consejo?.

Probablemente la respuesta a la primera pregunta sea no. En lo que a la segunda pregunta respecta, tus respuestas pueden ser que o bien no confiabas en la persona que te dio dicho consejo; o bien, lo que el consejo recomendaba ya lo habías intentado. Puede ser también que tuvieras tus propias ideas, que pensaras que la sugerencia no era útil para tu caso concreto… ¡Qué se yo. Las opciones de respuesta pueden ser tantas!. 

Las personas se resisten a los consejos

Cuando ofrecemos un consejo, nuestras intenciones son buenas y casi siempre queremos ayudar a los demás a resolver los problemas con los que se enfrentan. Podemos percibir la frustración que ellos sienten y podemos detectar el problema a solucionar en sus manifestaciones verbales.

De hecho, nuestros esfuerzos por ser «útiles» funcionan realmente a un nivel distinto de lo que constituye el objeto del coaching: que la persona crezca y se perfeccione.

 ¿Qué piensas que debería hacer en éste caso?. ¿Has pensado ya alguna cosa al respecto?, insisto en preguntar a la persona en cuestión sin obtener respuesta y dando por concluidos la sesión y el proceso en ese momento. 

El coaching es mucho más eficaz para contribuir al crecimiento

Haciendo uso del refrán «regala un pescado a un hombre y le darás alimento un día, pero enséñale a pescar y lo alimentarás el resto de su vida», os diré que «regalar pescado es fácil». Cuando regalamos un consejo, regalamos un pescado que simplemente puede ser el alimento de ese día puntual. En cambio, cuando regalamos «coaching», contribuimos a que crezca la capacidad del individuo.

Me permito ser honesto y reconocer que solo quiero en mis sesiones a gente comprometida. No deseo lidiar con personas que no quieran hacerse responsables de sus acciones o de sus decisiones. ¿Sabes por qué?. Porque si alguien viene a mí para que le regale el pescado y se lo regalo, al final no voy a contribuir a su crecimiento. Solo le daré el alimento de un día, y como os acabo de explicar, ese no es el objetivo del coaching. 

Si de verdad quieres aprender a pescar, entonces PUEDO AYUDARTE


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