¿Cuántas veces has conseguido superarte a ti mismo/a venciendo tus miedos o alcanzando esa meta que parecía inalcanzable?

¿Qué haces en esos momentos?. ¿Te sientes orgulloso/a de ti mismo/a y te premias? o por el contrario, ¿no le das importancia porque «total es una cosa más y tampoco es plan de mirarse el ombligo»?.

Por lo general tenemos la costumbre de pensar que nuestros logros «los puede conseguir cualquiera». Con frases de este tipo, nos aferramos a una manera algo peculiar de mostrar «humildad». ¡Qué rápido ponderamos los logros de los demás y qué poco recocemos los nuestros!. 

Hoy te invito a reflexionar sobre esto. Identifica con honestidad qué idea tienes del logro personal. Si no te felicitas por lo que consigues, puede que hoy sea el momento de empezar a hacerlo. Recuerda que la generosidad empieza por casa (por ti mismo/a). ¡Elógiate por tus logros!