En estos momentos de crisis, de miedo, diría yo que de pánico provocado por la crisis del «coronavirus» es cuando cobra especial importancia la gestión emocional tanto personal como de los equipos de trabajo.

Cuando hablamos de «inteligencia emocional» nos referimos a la capacidad de manejar emociones que impulsan nuestros comportamientos y por tanto impulsan también las relaciones con los demás.

El miedo, la ira, la tristeza, el placer y el amor, son solo algunas de las emociones que hoy en día se encuentran a flor de piel.

Aplicado al campo empresarial, el concepto de inteligencia y gestión emocional resulta de gran utilidad en el momento de gestionar grupos de trabajo en situaciones de crisis como los de ahora.

Quien dirige una empresa no sólo tiene que dedicarse a hacer cálculos y dar órdenes desde un nivel superior de mando. También es imprescindible que conozca el mapa humano, que relaciones, que motivaciones y que hábitos predominan en la organización.

Forma parte de tu equipo. Piensa como ellos.

En resumen tienes que formar parte de tu equipo, pensar como ellos, vivir como ellos, saber en cada momento, que piensan, que sienten, a que tienen miedo y que les hace felices.

La gran mayoría de estudios realizados hasta la fecha de hoy, reflejan que los gerentes de empresas que han recibido algún tipo de formación en inteligencia emocional, incrementan la productividad de sus empresas en casi un 20%.

Estos estudios, no sólo confirma las ventajas de poseer inteligencia emocional, sino que además desmontan los mitos que hacen referencia a que la gestión de compañías sólo puede llevarse a cabo a través de golpes de mando y porque aquí «mando y ordeno».

El nuevo perfil de directivo, de un líder de grupo, sea de masas o simplemente directivo de cualquier negocio, debe de prestar especial interés en los siguientes aspectos:

  • Autoconocimiento: Autoconocimiento de saber conocer y manejar sus propias emociones en el día a día. Si eres conocedor de tus emociones, serás capaz de gestionar con mayor acierto las distintas tareas que te propongas y que propongas a tu «equipo» de trabajo.
  • Autocontrol: El directivo actual, debe saber cuáles son los límites de cada emoción y en qué caso es preciso transmitirlos o no.
  • Empatía: el directivo debe ser capaz, sobre todo, de reconocer las emociones en las personas que tiene a cargo y ponerse en su lugar. Ésta es una de las reglas esenciales de la inteligencia emocional.
  • Habilidades sociales: es necesario que un líder desarrolle aptitudes para la motivación, el entusiasmo, la perseverancia y que fomente la capacidad para gestionar momentos de crisis como son los de hoy en día.
  • Flexibilidad: el líder rígido e inflexible es una especie en vía de extinción. La idea es fomentar un perfil más propicio a la comprensión y el diálogo.
  • Optimismo: los proyectos sólo tienen éxito si al frente se encuentran personas que creen en la consecución de los objetivos. La inteligencia emocional también consiste en saber transmitir estas actitudes para que se incorporen a la rutina de los grupos.

Es importantísimo en un ambiente laboral y en un ambiente de «miedo» al que pasará, encontrar un equilibrio entre los aspectos humanos y financieros de las organizaciones.

Es importantísimo que exista una estimulación permanente de mejora en los procesos, que exista una comunicación clara y abierta entre los departamentos y entre los miembros de tu equipo.

Es importante que se fortalezca las relaciones internas y externas, que se fomente la colaboración, el apoyo y la solidaridad, y tú, como responsable de tu equipo, como «líder» de este proyecto, tienes una responsabilidad frente a ellos.

Si consigues que tú equipo crea en ti, si consigues que tu equipo confíe en ti, tu proyecto crecerá, tus colaboradores compartirán tus sueños y tus objetivos y con ese aprendizaje común conseguirás/conseguiréis, grandes logros.

Recuerda: consigue un equipo entusiasmado, y obtendrás lo que tú quieras!