Hoy, cómo cada sábado en mi post, me voy a permitir tomar prestada una frase de un antiguo cuento zen: «Taza vacía, té nuevo».

En uno de los cursos de crecimiento personal a los que asistí, aprendí que si realmente quieres un «nuevo té» en tu vida, primero tienes que vaciar tu taza, para dejar entrar, primero hay que dejar espacio a los cambios. Simple, pero profundo. ¿Verdad?

Para entrar primero hay que dejar salir.

¿Cuántos de vosotros habéis, en alguna ocasión, tratado de asumir algo nuevo, ya sea un cambio de conducta, un nuevo objetivo, una nueva relación, un nuevo trabajo, sin haceros una pregunta crucial en el coaching tanto individual como en el coaching de equipos: ¿A que estás dispuesto a renunciar para conseguirlo? ¿De que voy a tener que desprenderme para dejar espacio a esto nuevo que quiero entrar en mi vida?

¿De que tienes que desprenderte?

Para dejar espacio a esta nueva forma de ser y de liderar, tendrás que identificar qué es lo que quieres vaciar para poder servir nuevo té en tu taza.

El desaprendizaje de los viejos hábitos es un trabajo mucho más difícil que el aprendizaje de los nuevos.

Vaciar la taza no implica echar por la borda todo lo que constituye experiencia y aprendizaje, simplemente es una invitación a revalorar tus certezas y a a cuestionar que tan útiles son para ti y en que te ayudan hoy para convertirte en quien realmente quieres ser mañana.

Si tomas conciencia de éste concepto, «Vaciar la taza», ésta, se convertirá en un nuevo fundamento que te permitirá convertirte en una persona más funcional, más integra, más competente y más preparada para conseguir tus nuevos retos , tanto individuales como colectivos, que se presentan en tu vida.

Hay que admitir que el desaprendizaje de los viejos hábitos es un trabajo mucho más difícil que el aprendizaje de los nuevos. Es una de las tareas más difíciles que conozco, aunque afortunadamente, ¡Vale la pena!

Si eres de los que te cuesta vaciar tu taza: